FERRERA VUELVE A REINAR POR SAN JUAN; SERIEDAD DE TALAVANTE CON EL PEOR LOTE
El reloj marcaba las 19:23 cuando el Renault R6 de Antonio Ferrera se divisaba en el horizonte. Una estampa muy torera y de otro tiempo que lleva unos años dándose en Badajoz. Se bajaba del mismo con su traje blanco y oro y atendía a sus advenedizos y es que no por casualidad es el Rey de la plaza de Badajoz, sus múltiples tardes de triunfo y gestos como la encerrona de 2020 en plena pandemia para que esta plaza no pasara el año en blanco le han dado ese título.
Recibía al primero de la tarde de una deslucida corrida de Zalduendo por verónicas con su capote azul de carácter solidario. Pareó Fernando Sánchez de forma magnífica y la afición, que tendría en la memoria reciente su gran actuación en Madrid, lo sacó a saludar. Brindó al publico Ferrera y toreó con mucha dedicación y por bajo ayudado de romolinos y trincherazos. Mató a la segunda, lo que le valió la primera ovación de la tarde.
El momento cumbre de la corrida llegaría con su segundo al que torearía con más elegancia y mediante unos naturales más lentos. Aún así, lidiaría siempre entre pitón y pitón y en unos terrenos donde los pies queman. Mató de lejos con su manera tan peculiar con una media estocada que bastaría para que el toro cayera en seguida. La afición ya estaba entregada y pidió las dos orejas que el presidente concedió. La vuelta al ruedo fue un baño de masas y una recogida constante de regalos por parte del extremeño. Gajes del oficio del Rey de Badajoz.
Salía enrazado su último toro y casi sorprende a los miembros de su cuadrilla. Ferrera lo recibía mediante una larga cambiada que puso al público en pie. Uno de los momentos más esperados de la tarde llegaría en este tercer toro. Ferrera cogió el primer par de banderillas y, tras un par de quiebros, las pondría de poder a poder. Ya hemos dicho que no es casualidad lo venerado que es en su ciudad. Comenzaba de rodillas la faena de muleta y estuvo siempre por encima de un toro que se fue apagando. Su fallo con la espada le privaría de la tercera oreja. Ovación.
Una de las noticias taurinas de esta comunidad era la reaparición de Alejandro Talavante. En Badajoz, en concreto, no toreaba desde 2017. Sus paisanos esperaban a un torero que rebosa carisma en cada gesto y que atrae a aficionados de muchos sitios de España e incluso de más allá de la frontera con Portugal. Así las cosas, se presentaba de verde y oro en su ciudad. La expectación era máxima.
Tras unas chicuelinas muy ajustadas con el capote, comenzaba la faena de muleta a su primer toro en el Sol, unos naturales lentos y rebosantes de torería pondrían la plaza en pie. Por fin sacaba a relucir la mejor mano izquierda de la tauromaquia actual y culminaba la faena con miradas al tendido mientras el de Zalduendo le pasaba muy cerca. No matar a la primera le privó de una oreja que estaba asegurada pero no de una contundente ovación. Poco o nada pudo hacer con su segundo, sin duda el peor de la tarde. La estocada, esta vez si a la primera, le valieron las palmas.
El enfado con la ganadería ya era total en el último toro. El público pidió el cambio de toro que el presidente no concedió. Aún así pudo Talavante gustarse con el en la muleta de nuevo con naturales templadísimos. Sonó la música pero el de Badajoz la mandó callar. Cerraría con unas excelentes manoletinas y de nuevo el fallo con la espada le privaría de un trofeo.
La tarde terminaba con la imagen habitual de cada 24 de Junio: Ferrera saliendo a hombros y dándose un baño de masas entre la multitud y los niños. Es lo que tiene reinar.
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